FACTÓTUM

Artículos de diversa índole, en especial, de corte cultural, que son publicados semanalmente en un diario de la colectividad peruano-japonsa llamado: Perú Shimpo. Los artículos incluyen: arte, ensayos, investigaciones, cuentos, temas de actualidad, etc. Actualmente, publico otros escritos, además de fotografías y pinturas que están relacionados a temas de mi interés -que por cuestiones de espacio-, no los puedo publicar en el periódico.

jueves, marzo 17, 2005

EL ONANISMO NO ES MASTURBACION: ANOTACIONES DE MARCO AURELIO DENEGRI SOBRE ONAN

Marco Aurelio Denegri se ha caracterizado por su cultura y por los temas denominados “tabú” que siempre son recurrentes en La función de la palabra, asimismo por audaces declaraciones como esta: “Aquí la gente cree que sale del colegio y cancela sus deudas con la cultura. Otros quieren todo baratito y que dure poco. No me frieguen pues, ¡Así qué diablos de cultura va a haber!”.

A Denegri se le suele relacionar solamente con la televisión, sin embargo como estudioso, tiene una variada y prolífica producción escrita, por ejemplo puedo mencionar textos como Arte y Ciencia de la Gallística, un voluminoso compendio relacionado al gallo de pelea del que puedo resaltar un capítulo en el que determina la especie de gallo que le cantó a San Pedro (el discípulo de Jesús) en la Biblia ¿recuerdan esta cita? “Antes que el gallo cante me negarás tres veces”, otro texto interesante es Pornografía y obscenidad en donde hace una serie de discusiones y reflexiones, sobre estos difíciles -y aparentemente muy similares- temas. Y particularmente curioso me pareció el opúsculo ¿Y qué fue realmente lo que hizo Onán? 1996, Lima: Kavia Kobaya Editores, texto del que me que voy a ocupar brevemente.

La vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española menciona que la palabra “onanismo” significa “masturbación”, sin embargo, Marco Aurelio Denegri se encarga de demostrar en su libro que esta palabra tiene otro significado absolutamente distinto al comúnmente usado.

“Pero Onán, sabiendo que la prole no era suya, cuando entraba a la mujer (Tamar) de su hermano (Er), se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Yavé lo que hacía Onán, y le mató a él también.” Este texto bíblico propio del Génesis se refiere a la ley del levirato que por su ambigüedad ha dado lugar a numerosas interpretaciones tanto judaicas, cristianas o de teólogos modernos que son explicadas y -en muchos casos- rebatidas con minuciosidad.

La palabra onanismo es usada como sinónimo de masturbación, este término fue empleado por los moralistas quienes interpretaron al acto onánico de la manera que mejor les pareció. Denegri comenta que la iglesia dio mucha importancia a la prevención de la masturbación, y por ende necesitó de una justificación bíblica para que no se realice, es por ello que alteró -un tanto- los hechos para lograr su propósito.

Es interesante comentar el irónico humor del autor al referirse a los moralistas, por ejemplo en lo correspondiente al término masturbación dice lo siguiente: “Los moralistas, sin embargo - ¡cuando no los moralistas!-, dieron invacilantes “el nombre de ‘onanismo’ al vicio de la masturbación”. Esta cita nos muestra un cierto rechazo, que se vuelve a poner de manifiesto cuando Denegri pone en evidencia que ellos llamaban a la masturbación “vicio solitario”, para finalmente comentar: “Los moralistas, que ven vicios por todas partes, y que si no los ven los imaginan, son tocante a lo sexual los campeones del disparatamiento”.

En base al texto, las interpretaciones que se le han dado al termino onanismo son erradas, lo que hizo realmente Onán fue el coitus interruptus. Pero ¿qué es en realidad el coito?, esta pregunta podría tildarse de absurda ya que es “sabido” o “creído” por todos que el coito es el contacto carnal entre un hombre y una mujer, pero el autor afirma lo siguiente: “La unión íntima de dos personas, provocante de excitación sexual al menos en una de ellas, se llama coito. (...) El coito no supone la heterosexualidad del vínculo” Esto implica que el coito puede darse en parejas de homosexuales, y en relaciones zoofílicas. Denegri no considera coito a la actividad sexual con muertos o con objetos inanimados, a estos actos los denomina paracoitales.

Otro interesante punto de vista de Denegri es que el coitus interruptus no está incluido dentro de la categoría de métodos anticoncepcionales (Denegri usa ese término en vez de anticonceptivos), para ello cita la definición del libro “Contraception” de Lehfeldt: “Los métodos o medios anticoncepcionales son los que permiten la consumación del coito peneano-vaginal entre individuos fecundos sin que se produzca la impregnación. Se caracterizan por su reversibilidad y temporalidad” En base a esta definición dice que para poder aplicar un método anticoncepcional el coito debe ser heterosexual, se debe llevar a cabo entera y absolutamente la respuesta sexual, la pareja debe ser fecunda y que finalmente el coito no produzca la fecundación. En el coitus interuptus el fenómeno orgásmico-eyaculatorio se produce fuera de la vagina, es por esta razón que no se le puede considerar método anticoncepcional.

El vasto conocimiento del autor se pone obviamente de manifiesto en esta breve obra y es menester resaltar el numeroso material bibliográfico empleado (en las referencias se mencionan 58 libros). En general es un libro sumamente ilustrativo y entretenido que nos hace reflexionar -muy a la manera de Denegri- sobre el real significado que tiene el término onanismo.

domingo, marzo 06, 2005

Rector a los 26 años: Albert A. Giesecke y el desarrollo en el Perú

Dedicado a todas aquellas personas que mantienen firmes sus ideales y no claudican hasta conseguirlos, y en especial a S.N.K., por ser un ejemplo de integridad moral.
Veintiséis años y fue nombrado por el presidente Leguía rector de la Universidad San Antonio Abad del Cusco (1909-1923), posteriormente fue alcalde de la misma ciudad en tres períodos, contribuyó al descubrimiento de Machu Picchu, al estudio de Pachacamac, inició la fiesta del Inti Raymi, participó en el plebiscito de Tacna-Arica, construyó la primera pista de aterrizaje en Cusco, entre otras importantes obras. Este es el caso de un joven descendiente de alemanes nacido en los Estados Unidos que fue llamado por un tiempo para trabajar en la reforma educativa peruana y terminó dedicando toda su vida al estudio y difusión de la cultura en el Perú

Albert Anthony Giesecke, hijo de inmigrantes alemanes, nació en Filadelfia el 30 de noviembre de 1883, estudió Economía y Ciencias Políticas en las Universidades de Pensilvania y en el Wharton School of Economics y obtuvo el grado de Doctor en Filosofía en 1908 en la universidad de Cornell.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el Perú estaba en un proceso de transición en lo político con gobiernos civilistas de tendencias oligárquicas; en lo económico con una gran afluencia de capital norteamericano puesto de manifiesto en un cúmulo importante de inversiones; y en el aspecto educativo que se encargó de calcar el modelo estadounidense de educación.

En la referida coyuntura el 9 de julio de 1909, Albert A. Giesecke llegó al Perú. Su primer proyecto lo realizó en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe donde aplicó un programa piloto de reforma educativa. En esos meses, los estudiantes de la universidad San Antonio Abad iniciaron una serie de protestas que motivaron al gobierno a declarar su cierre el 28 de agosto de 1909.

Leguía impresionado por el trabajo de Giesecke, decide proponerle el rectorado de la universidad cusqueña y para tal fin, cambia la ley debido a que ésta prescribía como edad mínima para este cargo 30 años, en ese entonces, Giesecke tenía 26 años. La noticia que un extranjero ocupara semejante puesto causó mucha controversia a tal punto que en Lima intentaron interpelar al ministro de educación, asimismo los enemigos de Leguía consideraron “un insulto” que un “gringo” ocupara el rectorado y fue convertido por ellos en “un símbolo de imperialismo yankee”. A pesar de la oposición de algunos sectores, Giesecke inició su gestión.

Después de un minucioso trabajo de reorganización en lo académico y administrativo, el nuevo y controvertido rector, decretó la apertura de la universidad el 10 de noviembre de 1909. Como máxima autoridad de la universidad -cargo que ejerció hasta 1923- se pueden destacar las siguientes obras: el mejoramiento de las relaciones con los dirigentes estudiantiles de la universidad debido a su habilidad y a la casi coetaneidad con ellos; instauró la educación para la mujer; fundó la Revista Universitaria; organizó el Museo Arqueológico e impulsó la investigación de la zona; realizó el primer censo científico del Perú en 1912, etc.

Jorge Basadre en su libro La vida y la historia menciona lo siguiente: “No olvido la sorpresa que me causó ver cómo Giesecke, sin demagogia, estaba cerca de los alumnos al extremo de practicar deporte al lado de ellos en contraste con el estiramiento de los catedráticos de Lima y constatar luego la modernización y la ampliación que efectuó en San Antonio Abad, en la medida que su época lo permitió atrayendo a los valores más selectos del medio sin prejuicios ni condicionalismos”.

Entre 1913 y 1923 Giesecke fue miembro del Consejo Municipal, de la Sociedad de Beneficencia Pública y Alcalde del Cusco en 3 períodos. En virtud de su cargo como alcalde, realizó la primera pista de acceso de la Plaza de Armas a las ruinas de Sacsayhuaman; inició la fiesta del Inti Raymi; promovió la pavimentación de las calles y su alcantarillado; preparó la primera pista de aterrizaje de Cusco, etc.

Entre 1910 y 1911, Giesecke conoce la existencia de Machu Picchu y fue quien alojó y dio la información a Hiran Bingham para que éste llegara a la ciudadela perdida.

En 1923, Leguía no le permite regresar a su país y le asigna el cargo de Director General de Enseñaza (actualmente sería el Ministerio de Educación), en su gestión logró abrir numerosas escuelas para la población de escasos recursos; pagó puntualmente a los maestros; editó las primeras guías turísticas de Cusco (tanto en ingles como en español); participó en el plebiscito Tacna-Arica, etc.

Entre 1932 y 1967, fue asignado a un cargo en el cuerpo diplomático de la embajada estadounidense que fue de carácter cultural, de difusión e investigación. En 1938 estudió junto a Julio C. Tello la ciudadela de Pachacamac; colaboró con la reconstrucción del Cusco luego del terremoto de 1950, etc.

El Estado Peruano le otorgó la condecoración de la Orden del Sol -que no pudo aceptar por ser miembro del cuerpo diplomático de los Estados Unidos-.

Giesecke con respecto a nuestro país decía lo siguiente: “El Perú ha sido más grande que Roma y hay que regresarlo al centro del mundo”. Albert Giesecke murió en 1968 y fue un gran ejemplo de trabajo, honestidad, bondad y enorme vocación de servicio. Es necesario apreciar la magnitud de su trabajo a fin de que no se pierda inexorablemente en las páginas de la historia.

sábado, marzo 05, 2005

¡Habla “chino”!: ¿Por qué nos dicen “chinos” a los nikkei?

En nuestro medio, normalmente se le suele llamar “chino” a cualquier persona de rasgos asiáticos, sin importar su real procedencia, si es peruano o no, si tiene nombre o no lo tiene, es decir, la persona pasa a ser el “chino” del grupo (¿llamaste al “chino”?, habla “chino”, ¿en que andas?). Conozco mucha gente a la que no le molesta en lo más mínimo este alias o apodo. En este breve artículo pretendo averiguar el origen del uso de esta palabra para referirse a todas las personas de rasgos asiáticos, y en especial a los nikkei.

Este término, “chino” se puede usar de dos maneras: la primera de ellas para referirse a alguien con ternura y cariño, la segunda, con un tono despectivo quizá con algunos imperceptibles componentes xenofóbicos. Todo depende de la situación y la intención del emisor y la sensibilidad del receptor. Es común también el uso de la palabra “chino” o “china” para referirse con afecto a alguna persona de confianza y querida -sin necesidad que posea rasgos asiáticos- por ejemplo: la “China” Tudela personaje creado por Rafo León cuyo nombre de pila es Lorena Tudela Loveday. Pero qué pasa con aquel desconocido que grita chino en la calle o aquel cobrador de “combi” que hace lo mismo cruzando alguna avenida o cobrando el pasaje (que considera sinónimo de señor, la palabra “chino”), o ese grupo de chicos que grita “chino” o “china” a manera de “palomillada”.

Si revisamos la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española (DRAE), la segunda acepción de la palabra chino significa: “natural de China o perteneciente o relativo a este país de Asia”, y la tercera acepción del mismo término que deriva del “quichua” (una variante del quechua hablado en Ecuador) “čína” significa en su idioma original hembra o sirvienta. Actualmente el diccionario lo consigna como adjetivo que puede usarse también como sustantivo: “Dicho de una persona: De ojos rasgados”.

Quise tratar de determinar el por qué de este uso generalizado de “chino” para nombrar a todos los asiáticos y no otro gentilicio como por ejemplo “japonés”, “coreano” o “indonés”. Mi primera hipótesis se centró en que probablemente este uso se debe a que la inmigración china de los coolies fue mucho antes de la llegada masiva de los japoneses a partir de 1899 (la gente generalizó que todos los orientales foráneos -y sus descendientes- eran chinos, y se extendió esta costumbre hasta nuestros días).

Al revisar el Diccionario de la Real Academia Española pude -con bastante asombro- comprobar que por coincidencia el uso de esta acepción de la palabra “chino” tiene también origen en un tipo de quechua hablado en Ecuador, es decir un uso más antiguo todavía. En ese sentido las variables de este problema se incrementaron.

Mi segunda hipótesis se situaba en los caminos de la semiótica o semiología que es la disciplina que se encarga del estudio de los signos en la vida social. Un signo es la parte de una experiencia con capacidad de evocar la experiencia total, por ejemplo: Si menciono el signo “color rojo” podemos ver en el interior de nuestras mentes, qué y cómo es el color rojo o si decimos “silla roja”, inmediatamente imaginamos un objeto de 4 patas en el que uno se sienta, además de lo destacable del color con el que fue pintado.

Siguiendo con la semiología, para que un signo sea aprendido debe cumplir 3 características: que sea predicativo (el signo debe decir algo sobre la realidad); que sea gratificante (quien adquiere el signo debe sentir que el signo lo satisface de alguna manera); y, finalmente, el signo debe ser económico (quien adquiere el signo debe percibir que la utilización del mismo le representa algún tipo de ahorro). Esta característica es la que me permitió concebir la hipótesis que el uso de “chino”, palabra de 2 sílabas es más fácil de usar, recordar y relacionar que por ejemplo “co-re-a-no” o “ja-po-nés”, etc. Palabras de más de dos sílabas. Asimismo sumado a la retroalimentación usada en la campaña de Alberto Fujimori que se autocalificó como “el chino Fujimori”: la gente relacionaba al japonés (o a sus descendientes con “lo chino”).

En ese momento ya tenía dos hipótesis y ninguna de ellas podía solucionar con el material bibliográfico del que disponía. Por esto fue que consulté con la Dra. Martha Hildebrandt, lingüista prestigiosa quien me informó que era imposible determinar el origen del uso particular de la palabra “chino” para referirse a todos los orientales debido a que el lenguaje es “ilógico, alógico, antilógico y prelógico”. Comentó también que el idioma evoluciona constante -y muchas veces- azarosamente y que probablemente la Real Academia Española tendrá que aceptar una nueva acepción de la palabra “chino” como un término que se use genéricamente para denominar a todas las personas de rasgos asiáticos. Cuando le comenté mi hipótesis sobre la economía del signo (recuerden las dos sílabas que tiene “chi-no” en comparación con “ja-po-nés”) me dijo, con un humor particular que es más bien, cuestión de “economía de pensamiento” (la gente no piensa en lo que dice). Los cambios en la lengua obedecen muchas veces al azar y no a alguna razón en particular.

Para finalizar, la Dra. Hildebrandt mencionó que todo este asunto más que social, es particular o individual, vale decir, si le molesta que le digan “chino”, no tiene posibilidad lingüística alguna de luchar contra esta tendencia evolutiva del idioma, por ende, informe a su interlocutor que no le gusta que lo llamen así y que en vez de ello, lo llamen por su nombre y apellido.

viernes, marzo 04, 2005

Los nikkei y nuestro silencio

Una pregunta inició este breve ensayo que no tiene la pretensión de ser un tratado sobre los defectos de la colonia japonesa en el Perú, sino de manifestar algunas opiniones que a la luz de algunos sucesos recientes, fueron motivo de mi curiosidad y de algunas reflexiones.

Si me preguntaran cuál es la característica principal de la colonia japonesa, tendría que escoger entre muchos adjetivos, la mayoría de ellos positivos como espíritu cooperativo, unión, solidaridad, etc. Pero, el que considero que se ajusta más a nuestra coyuntura es la cohesión. Pues si, ese espíritu que nos mantiene unidos a pesar de que hayan transcurrido más de un centenar de años desde que el primer barco partiera del puerto de Yokohama a nuestras tierras.

Qué implica cohesión, un conjunto de acepciones como unión, cooperación, solidaridad, etc. Pero además, esta misma cohesión empleada de otra manera -de la manera negativa- se puede utilizar para observar los errores de soslayo, no denunciar lo que tiene que ser denunciado, callar siempre y -las más de las veces-, resignarnos a la maledicencia entre nosotros, es decir, comentarios con toques sarcásticos, irónicos y negativos sobre diversas personas, directivos, y cualesquiera personas que ocupan cargos en la colonia, en otras palabras estimados lectores, me refiero al criollo raje que como Vargas Llosa denominó alguna vez “el deporte oficial de los peruanos”.

Somos tan cohesionados que tememos hacer denuncias, nos horrorizamos frente al qué dirán, qué pensarán de mi al dar la cara y por el pavor a desintegrar un siglo de unión, un siglo de trabajo, un siglo de valores milenarios que se han transmitido de generación en generación, de los issei a los nisei, a los sansei, etc. Me pregunto amigos lectores, ¿nunca han considerado injusta alguna decisión tomada en el núcleo de nuestra colectividad?, ¿nunca han pensado que alguna gestión ha sido incorrecta?. Si su respuesta es negativa, entonces no tiene por qué seguir leyendo este conjunto de palabras ya que para usted, han perdido su norte. Empero, si su respuesta ha sido afirmativa, podemos seguir con esta breve aventura gramatical. ¿Por qué nunca dijo nada?, ¿Por qué se limitó a solo a rajar? ¿Mandó algún oficio a la institución o persona pertinente?, ¿Denunció el hecho en su debido momento?, (recordemos que este viejo adagio no por nada sigue vigente “Verba volant, scripta manent” “Las palabras vuelan, lo escrito permanece”). O prefirió simplemente no hacer ningún tipo de problema y que las cosas se solucionen por sí mismas, o en el peor de los casos, que no se solucionen y que se sigan cometiendo aquellos actos que usted criticó y de seguro sigue criticando (en su casa o con sus amigos).

¿Cuál es la reflexión? Pues bien, el cambio se inicia cuando nos damos cuenta en qué fallamos. Si queremos que nuestra colectividad avance para bien, vale decir, que evolucione (que no se estanque cual charco y peor aún, que no involucione), tenemos que involucrarnos más en sus problemas, celebrar con la mayor de las alegrías los avances y sobretodo, criticar -dando la cara- todos los errores cometidos.
Cuando uno postula a un cargo político (llámese dirigente de alguna asociación u organización), está implícitamente sujeta al halago si es que realiza una buena función, a la felicitación máxima por las acciones positivas que su gestión ha logrado, asimismo, está de la misma forma atado a la crítica, a la sanción y a la posible renuncia al cargo en caso de cometer algún error.

Señores lectores, en eso fallamos (nótese que uso la primera persona del plural), criticamos a media voz, decimos verdades a medias entre nosotros, no denunciamos las cosas.

Cierro esta breve reflexión con la frase clásica que pronunció González Prada en 1888:

“Rompamos el pacto tácito e infame de hablar a media voz.Dejemos la encrucijada por el camino real y la ambigüedadpor la palabra precisa”.