FACTÓTUM

Artículos de diversa índole, en especial, de corte cultural, que son publicados semanalmente en un diario de la colectividad peruano-japonsa llamado: Perú Shimpo. Los artículos incluyen: arte, ensayos, investigaciones, cuentos, temas de actualidad, etc. Actualmente, publico otros escritos, además de fotografías y pinturas que están relacionados a temas de mi interés -que por cuestiones de espacio-, no los puedo publicar en el periódico.

martes, setiembre 27, 2005

El Leviatán de Hobbes y el Poder: Reflexiones y Comentarios

Para Hobbes, el estado de naturaleza es “un estado de guerra y de anarquía. Los hombres son iguales por naturaleza; de la igualdad proviene la desconfianza, y de la desconfianza procede la guerra de todos contra todos. La vida es solitaria, pobre, embrutecida y corta”. No existe noción de los justo y de lo injusto, y tampoco la de propiedad. No hay industria, ni ciencia, ni sociedad. Hobbes se opone, con esta visión pesimista, a los teóricos del derecho natural y a todos aquellos que disciernen en el hombre una inclinación natural a la sociabilidad” (Touchard 1988, p. 260).

El estado de guerra que se mencionó, genera severas incomodidades y sobre éstas Hobbes (1984) explica que “en una condición así, no hay lugar para el trabajo, ya que el fruto del mismo se presenta como incierto; y, consecuentemente, no hay cultivo de la tierra; no hay navegación, y no hay uso de productos que podrían importarse por mar; no hay construcción de viviendas, ni de instrumentos para mover y transportar objetos que requieran la ayuda de una fuerza grande; no hay conocimiento en toda la faz de la tierra, no hay cómputo del tiempo; no hay artes; no hay letras; no hay sociedad. Y, lo peor de todo, hay un constante miedo y un constante peligro de perecer con muerte violenta. Y la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta” (p. 107-108).

Hobbes (1984) coloca como ejemplo de una vida sin poder común al qué temer, a las sociedades que han coexistido primero bajo el poder de un gobierno pacífico y luego han degenerado en una guerra civil. Y es esta guerra “nada puede ser injusto. Las nociones de lo moral y lo inmoral, de lo justo y de lo injusto no tienen allí cabida. Donde no hay un poder común, no hay ley; y donde no hay ley, no hay injusticia” (Hobbes 1984, p. 109).

El autor considera la existencia de leyes naturales y un derecho natural. En cuanto al derecho natural “se emparenta con el instinto de conservación. Hobbes lo define como la libertad de cada cual para usar su propio poder, en la forma que quiera, para la preservación de su propia naturaleza, es decir su propia vida” (Touchard 1988, p. 261). Asimismo entiende el concepto libertad como “la ausencia de impedimentos externos, impedimentos que, a menudo, pueden quitarle a un hombre parte de su poder para hacer lo que quisiera, pero que no le impiden usar su poder que le quede, según los dictados de su juicio y su razón” (Hobbes 1984, p. 110). La ley natural es “un precepto o regla general, descubierto mediante la razón, por el cual a un hombre se le prohibe hacer aquello que sea destructivo para su vida, o elimine los medios de conservarla” (Hobbes 1984, p. 110).

Las dos primeras leyes son la búsqueda de la paz y su mantenimiento y, “que un hombre debe estar deseoso, cuando los otros lo están también, y a fin de conseguir la paz y la defensa personal hasta donde le parezca necesario, de no hacer uso de su derecho a todo, y de contentarse con tanta libertad en su relación con los otros hombres, como la que él permitiría a los otros en su trato con él” (Hobbes 1984, p. 111). Para asegurar la paz y seguridad entre los hombres no se dispone de un mejor procedimiento que establecer entre ellos un contrato (Se llama contrato (Hobbes 1984, p. 113 a “la transferencia mutua de un derecho”) y transferir al Estado los derechos que, de ser conservados, obstaculizarían la paz de la humanidad.

La preocupación por la paz está en el origen del contrato y la soberanía se basa también el mismo, sin embargo es necesario aclarar que no se trata de un contrato entre el soberano y los súbditos, sino entre individuos que deciden darse a un soberano [1]: el contrato funda la soberanía, no la limita.

Hobbes (1984 p. 145) define al Estado como “una persona de cuyos actos, por mutuo acuerdo entre la multitud, cada componente de ésta se hace responsable, a fin de que dicha persona pueda utilizar los medios y la fuerza particular de cada uno como mejor le parezca, para lograr la paz y la seguridad de todos” y se dice que un Estado ha sido creado o instituido cuando “una multitud de hombre establece un convenio entre todos y cada uno de sus miembros, según el cual se le da a un hombre o a una asamblea de hombres, por mayoría, el derecho de personificar a todos, es decir, de representarlos” (Hobbes 1984, p. 146).

Y así surge el Leviatán que tiene una apariencia gigante cuyo cuerpo es también el de cada uno de los que han delegado las facultades para el cuidado de defenderlos. El estado tiene una figura absorbente, pero es relativamente benigno. Touchard (1988) menciona sobre las funciones del Estado “debe defenderse al ciudadano; éste sólo abandona sus derechos al Estado para ser protegido. El Estado perdería su razón de ser si la seguridad no fuese garantizada, si la obediencia no fuera respetada (...) El Estado es quien fundamente a la propiedad: “Vuestra propiedad no es tal y no dura más que en tanto que place a la República”. Todo ataque al Estado es, por consiguiente, un ataque a la propiedad” (p. 261).

Ferrero (1971) menciona que “el gran teórico del absolutismo, parte del supuesto de que el hombre es un ser antisocial, lo que ha hecho necesario el Estado como autoridad omnipotente e incontrastable, nacida del temor. Los hombres lo han establecido para asegurar un orden que sustituyera el estado natural de la sociedad, que es el de una lucha implacable: “homo homini lupus”. El hombre primitivo se vio ante la disyuntiva de la anarquía o la autoridad como nada precio necesario para su seguridad. El hombre, animal egoísta, nada sabe de lo que es justo e injusto; obedece a sus naturales apetitos y aversiones, lo que determinaría un estado permanente de lucha si no se hubiera conferido la autoridad suprema al Estado, al que los hombres obedecen porque cuenta con fuerza para obligarles” (p. 27).

En este Estado ninguna autoridad espiritual puede oponerse al mismo, nadie puede servir a dos señores. El soberano es el órgano no sólo del Estado, si además de la Iglesia (Touchard 1988).

La formación de la institución del Estado traen una serie de consecuencias, cuyo resumen es el siguiente:

*Los súbditos no pueden cambiar de forma de gobierno, Hobbes (1984, p. 147) “por lo tanto están sujetos a un monarca no pueden abolir la monarquía sin su aprobación y volver a la confusión propia de una multitud desunida”.

*El poder soberano no puede enajenarse, Hobbes (1984, p. 147) “en segundo lugar, como el derecho de representar a la persona de todos es dado a quien los hombres hacen su soberano, mediante un pacto establecido entre ellos mismos, y no entre el soberano y alguno de ellos, no puede haber quebrantamiento de convenio por parte del soberano; y, en consecuencia, ninguno de los súbditos puede librarse de estar sujeto a él , alegando algún infringimiento de contrato por su parte”.

*Ningún hombre puede, sin incurrir en injusticia, protestar contra la institución del soberano declarada por la mayoría.

*Las acciones del soberano no pueden ser, en justicia, acusadas por el súbdito, Hobbes (1984, p. 149) “tampoco deberá ser acusado de injusticia por ninguno de ellos. Pues quien hace una cosa con autorización de otro, no causa injusticia a quien le dio autoridad para actuar”.

*Nada de lo que haga el soberano puede ser castigado por el súbdito.

*El soberano es juez de lo que es necesario para la paz y defensa de sus súbditos y juez de qué doctrinas deben ser enseñadas.

*El derecho de establecer reglas mediante las cuales los súbditos puedan hacer saber a cada hombre lo que es suyo, de tal modo que ningún otro súbdito pueda quitárselo sin cometer injusticia.

*Al soberano le pertenece el derecho de judicatura y de la decisión de las controversias.

*Al soberano le pertenece el derecho de hacer la guerra y la paz según le parezca oportuno.

*Al soberano le pertenece el derecho de escoger a todos los consejeros y ministros, tanto para funciones de paz como de guerra, de premiar y castigar y establecer honores y jerarquías según le parezca.

Como se ha podido observar, Thomas Hobbes siente que hay una suerte de barbarie política y se propone salvar a los hombres de un estado de guerra en el que todos luchan contra todos. Este teórico cree en un estado “creado” que tiene la suficiente fuerza para poner orden.

El absolutismo propugnado por Hobbes no es de ninguna manera una tiranía ni una dictadura, todos los súbditos están sometidos a leyes y a una autoridad que se da porque cada uno de ellos cede, transfiere y renuncia a parte sus derechos mediante un acto voluntario y jurídico (renuncian a la administración personal de justicia y al derecho de pelear con los otros).

Hobbes considera que los hombres están naturalmente inclinados al desencuentro: en el hombre prevalece la vanidad y el egoísmo, por ende debe ser urgentemente reglamentado. Es entonces cuando el Leviatán aparece como un poder mayor y coercitivo que no es divino, sino más bien, es un acto artificial y público.

En el Leviatán, los súbditos no pueden cambiar la forma de gobierno cuyo poder no puede enajenarse, asimismo éstos no pueden protestar, acusar o castigar al soberano quien es juez, legislador, y autoridad omnipotente en el Leviatán. La única persona que está exonerada de la ley es el príncipe a condición de que la haga cumplir.

NOTAS:

[1] El soberano es según Hobbes quien posee un poder soberano; y cada uno de los demás son sus súbditos. “Este poder soberano se puede alcanzar de dos maneras: una, por fuerza natural, como cuando un hombre hace que sus hijos se sometan a su gobierno, pudiendo destruirlos si rehusan hacerlo, o sometiendo a sus enemigos por la fuerza de las armas, y obligándolos a que acaten su voluntad, concediéndoles la vida con esa condición. La otra es cuando los hombres acuerdan entre ellos mismos someterse voluntariamente a algún hombre o a una asamblea de hombres, confiando en que serán protegidos por ellos frente a todos los demás. A esta segunda modalidad puede dársele el nombre de Estado político, o Estado por institución; y a la primera, el Estado por adquisición”. (Hobbes 1984, p 145).

Referencias

Hobbes, Th. (1984). Leviatán. O la materia, forma y poder de la República Eclesiástica y Civil. Madrid: Sarpe.

Touchard, J. (1988). Historia de las ideas políticas. Madrid: Tecnos

Ferrero, R. (1971). Teoría del Estado. Derecho constitucional. Lima: Studium.

1 Comments:

  • At 10:06 a. m., Blogger Sludgeman said…

    Este libro es realmente basico. No se deberia enseñar en la Universidad, sino en los ultimos años de colegio. Pero eso si, con una lectura critica. Lo importante de este libro es que se opone al pensamiento "el hombre es bueno por naturaleza" y explica pq deberiamos de apegarnos a la leyes. Pero con él se puede justificar un gobierno absolutista o uno tiranico.

    Junto con "El Contrato Social", se convierten en los 2 libros basicos para interpretar la relación Orden y Sociedad.

    Buen post.

     

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