FACTÓTUM

Artículos de diversa índole, en especial, de corte cultural, que son publicados semanalmente en un diario de la colectividad peruano-japonsa llamado: Perú Shimpo. Los artículos incluyen: arte, ensayos, investigaciones, cuentos, temas de actualidad, etc. Actualmente, publico otros escritos, además de fotografías y pinturas que están relacionados a temas de mi interés -que por cuestiones de espacio-, no los puedo publicar en el periódico.

martes, mayo 17, 2005

CUENTO: LA INFIDELIDAD, MI INFIDELIDAD

En el año 2002, conocí a una comunicadora -y ahora- amiga muy querida que actualmente se encuentra en Barcelona, estudiando un master. Siempre nos rondó la idea de escribir ficción (a lo Borges y Bioy Casares), paradójico es que tuvieron que pasar 3 años y un océano de por medio para este texto. Muchas gracias a Cristina ya que esta narración es el producto de ambos y relata la historia de una anónima y ficticia mujer que nos cuenta una parte muy controversial de su vida.

La infidelidad, mi infidelidad

No necesariamente debe tener una posición a favor o en contra, el punto es plantear el tema como real y muy común, también de dejar la pacatería al querer ocultarlo. Siempre ha existido y siempre existirá. ¿Por que la naturaleza sentimental humana es tan compleja?, ¿qué nos motiva?, ¿quién inventó el rollo de la fidelidad?, ¿cómo manejar los celos?

Qué poco me costaba censurar la infidelidad y juzgar a los hombres y mujeres que, teniendo una relación monogámica, optaban por buscar a un tercero. Qué superior me sentía cuando afirmaba, -totalmente dueña de la verdad-, que eso a mi no me pasaría jamás, que era inmoral. Los humanos, -pensaba-, tenemos un millón de cosas con qué llenar nuestros vacíos existenciales. Existen las relaciones -que no son del todo perfectas-, los amigos, los hobbies, el deporte, los idiomas, el cine, la cultura, etc. Teniendo tantas válvulas de escape, ¿por qué una persona felizmente enamorada buscaría serle infiel a su pareja?, me preguntaba: ¿es que acaso la infidelidad implicaría un retroceso a una etapa muy primitiva?, ¿por qué ser como un animal que sólo se ocupa de alimentarse y follar?

Mi historia empieza el día en que conocí a alguien que me hacia reír con sus comentarios irónicos y cada día me sorprendía con algún ingenio en el momento preciso. Llamémosle M. M, que había viajado exactamente a las mismas ciudades que yo. M, con quien podía pasarme horas hablando de libros, cine, comida, historia, música, de todo.

Podría mentir al decir que sólo lo veía como a un amigo, pero no engañarme a mi misma. Desde el primer día que nos sentamos solos a tomar el primero, de tantos cafés, supe que sería mi amante. Esa revelación, que se presento mientras miraba como sus dedos rodeaban la taza de ice capuchino, bastó para que en medio segundo me desligara de los viejos prejuicios y decidiera, por primera vez en mi vida, dejarme llevar.

Y de pronto, todo empezó a suceder en cámara rápida. Después del café, hubo una invitación a almorzar, en donde ambos estuvimos encantadores y ocurrentes, y luego una larga serie de mensajes de texto ambiguos y llamadas, rara mezcla de inocencia pueril e insinuaciones más bien adultas, hasta llegar, finalmente, a esa noche en la que bastó una botella de vino blanco, para olvidar que yo tenia un anillo de compromiso en el anular y el ya, un penoso y largo divorcio.

Después, por supuesto, hubo muchos intentos de separarnos, desde conversaciones serias y alturadas -en las que se hacían promesas y se tomaban decisiones finales-, hasta peleas que invariablemente terminaban de madrugada con uno de los dos frente a la casa del otro, suplicando bajo la lluvia.

Y luego, inevitablemente, uno de los pilares de toda relación clandestina: el glorioso, reconfortante y gratificante sexo de reconciliación.

Aquí muchos podrán pensar con simpleza y afirmar que un amante es sólo sexo. No, ¡que equivocados están! Un amante es, ante todo, un compañero. El sexo es fundamental, claro, pero como pasa con las drogas -por citar un ejemplo- es más que nada el gusto por lo prohibido, la aventura nunca vivida, la emoción de pensar que puedes ser descubierto, el morbo de saberte clandestino, la magia de creer y hacer creer que estas viviendo un amor tortuoso e imposible, la incertidumbre de quedarte dormida entre los brazos de alguien sin saber a ciencia cierta si lo encontraras a tu lado a la semana siguiente o la mañana siguiente.

Además esta la tecnología moderna, que añade mil tonos más al abanico de posibilidades. Desde el messenger hasta el correo electrónico, pasando por las fotos del móvil y el cybersexo, los amantes tenemos muchas, infinitas posibilidades de hacer que el juego sea aún más excitante. Podemos adoptar nuevas identidades y jugar con fuego desde la fría y controlada seguridad del monitor, con total libertad pero siempre con algo de temor a ser descubiertos.

Ahora bien, si M es tan interesante y atractivo, ¿por qué no dejo a F (mi novio) por el?, ¿por qué no apuesto por M, si desde hace un buen tiempo le vengo dando lo mejor de mi misma en cuerpo y alma?.

La respuesta es simple. Ya tengo un novio. Ya tengo estabilidad emocional, metas en común, planes para el futuro. Ya tengo a alguien a quien amo y a quien respeto y admiro. Ya tengo asumidas, también, una serie de obligaciones y deberes, que cumplo porque estoy, créanlo o no, enamorada.

Pero al tener un amante, hago uso de mi derecho a gozar de lo divertido, lo pasional, lo excitante de la vida en pareja sin tener que pasar por los rituales (aburridos y tediosos) de las relaciones monógamas. Hago uso de mi derecho a hacer el amor con alguien sin tener que enterarme de sus problemas ni sus rollos existenciales, es la compañía ideal que no me asfixia, con la que nunca siquiera, discuto.

Tengo derecho a no conocer a su familia, a verlo sólo cuando me apetece, a no usar el teléfono todas las noches y a no celebrar aniversarios. Tengo derecho a llamarlo y decirle, mira, tengo muchas ganas de pasarme la tarde contigo en la cama, pero a las 21.00 horas tendrás que irte porque ponen Los Simpson, sin que el se sienta ofendido ni utilizado.

¿Esto me satisface? Por supuesto. No sé si siempre será así, o si algún día me despertare y me daré cuenta de que no tengo energía para ser la novia -de mi novio- y la amante -de mi amante-. Pero, mientras, y hasta que nada pase, que me obligue a hacer lo contrario, seguiré disfrutando de lo mejor de dos mundos.

2 Comments:

  • At 2:06 p. m., Anonymous Diego Alonso Sánchez said…

    Buen texto de reflexión. Sin imposturas estrabagantes, ni pretensiones vanas. Correcto, justo, inocente. El tema se prestaba para un triller emocional con la más exasperante facundia barata. Ser ecuánime verbalmente, pero pasionalmente intenso (en este caso por la vida bien vivida, más que por el amor al otro), es un logro.

    Recuerdo a Rubem Fonseca, maestro brasileño del relato corto, recuerdo a Raymond Carver, maestro norteamericano del relato de situaciones.

    Pd. Buen final, sin la obsesión del narrador de sepultar su relato con el punto final. La magia del inacabamiento.


    Saludos Andrés

     
  • At 2:09 p. m., Anonymous Diego Alonso Sánchez said…

    pd. Disculpa los "horrores ortográficos".

    Soy debil castellanamente. Debo corregir más a menudo.

     

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home