FACTÓTUM

Artículos de diversa índole, en especial, de corte cultural, que son publicados semanalmente en un diario de la colectividad peruano-japonsa llamado: Perú Shimpo. Los artículos incluyen: arte, ensayos, investigaciones, cuentos, temas de actualidad, etc. Actualmente, publico otros escritos, además de fotografías y pinturas que están relacionados a temas de mi interés -que por cuestiones de espacio-, no los puedo publicar en el periódico.

viernes, marzo 04, 2005

Los nikkei y nuestro silencio

Una pregunta inició este breve ensayo que no tiene la pretensión de ser un tratado sobre los defectos de la colonia japonesa en el Perú, sino de manifestar algunas opiniones que a la luz de algunos sucesos recientes, fueron motivo de mi curiosidad y de algunas reflexiones.

Si me preguntaran cuál es la característica principal de la colonia japonesa, tendría que escoger entre muchos adjetivos, la mayoría de ellos positivos como espíritu cooperativo, unión, solidaridad, etc. Pero, el que considero que se ajusta más a nuestra coyuntura es la cohesión. Pues si, ese espíritu que nos mantiene unidos a pesar de que hayan transcurrido más de un centenar de años desde que el primer barco partiera del puerto de Yokohama a nuestras tierras.

Qué implica cohesión, un conjunto de acepciones como unión, cooperación, solidaridad, etc. Pero además, esta misma cohesión empleada de otra manera -de la manera negativa- se puede utilizar para observar los errores de soslayo, no denunciar lo que tiene que ser denunciado, callar siempre y -las más de las veces-, resignarnos a la maledicencia entre nosotros, es decir, comentarios con toques sarcásticos, irónicos y negativos sobre diversas personas, directivos, y cualesquiera personas que ocupan cargos en la colonia, en otras palabras estimados lectores, me refiero al criollo raje que como Vargas Llosa denominó alguna vez “el deporte oficial de los peruanos”.

Somos tan cohesionados que tememos hacer denuncias, nos horrorizamos frente al qué dirán, qué pensarán de mi al dar la cara y por el pavor a desintegrar un siglo de unión, un siglo de trabajo, un siglo de valores milenarios que se han transmitido de generación en generación, de los issei a los nisei, a los sansei, etc. Me pregunto amigos lectores, ¿nunca han considerado injusta alguna decisión tomada en el núcleo de nuestra colectividad?, ¿nunca han pensado que alguna gestión ha sido incorrecta?. Si su respuesta es negativa, entonces no tiene por qué seguir leyendo este conjunto de palabras ya que para usted, han perdido su norte. Empero, si su respuesta ha sido afirmativa, podemos seguir con esta breve aventura gramatical. ¿Por qué nunca dijo nada?, ¿Por qué se limitó a solo a rajar? ¿Mandó algún oficio a la institución o persona pertinente?, ¿Denunció el hecho en su debido momento?, (recordemos que este viejo adagio no por nada sigue vigente “Verba volant, scripta manent” “Las palabras vuelan, lo escrito permanece”). O prefirió simplemente no hacer ningún tipo de problema y que las cosas se solucionen por sí mismas, o en el peor de los casos, que no se solucionen y que se sigan cometiendo aquellos actos que usted criticó y de seguro sigue criticando (en su casa o con sus amigos).

¿Cuál es la reflexión? Pues bien, el cambio se inicia cuando nos damos cuenta en qué fallamos. Si queremos que nuestra colectividad avance para bien, vale decir, que evolucione (que no se estanque cual charco y peor aún, que no involucione), tenemos que involucrarnos más en sus problemas, celebrar con la mayor de las alegrías los avances y sobretodo, criticar -dando la cara- todos los errores cometidos.
Cuando uno postula a un cargo político (llámese dirigente de alguna asociación u organización), está implícitamente sujeta al halago si es que realiza una buena función, a la felicitación máxima por las acciones positivas que su gestión ha logrado, asimismo, está de la misma forma atado a la crítica, a la sanción y a la posible renuncia al cargo en caso de cometer algún error.

Señores lectores, en eso fallamos (nótese que uso la primera persona del plural), criticamos a media voz, decimos verdades a medias entre nosotros, no denunciamos las cosas.

Cierro esta breve reflexión con la frase clásica que pronunció González Prada en 1888:

“Rompamos el pacto tácito e infame de hablar a media voz.Dejemos la encrucijada por el camino real y la ambigüedadpor la palabra precisa”.

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