FACTÓTUM

Artículos de diversa índole, en especial, de corte cultural, que son publicados semanalmente en un diario de la colectividad peruano-japonsa llamado: Perú Shimpo. Los artículos incluyen: arte, ensayos, investigaciones, cuentos, temas de actualidad, etc. Actualmente, publico otros escritos, además de fotografías y pinturas que están relacionados a temas de mi interés -que por cuestiones de espacio-, no los puedo publicar en el periódico.

sábado, marzo 05, 2005

¡Habla “chino”!: ¿Por qué nos dicen “chinos” a los nikkei?

En nuestro medio, normalmente se le suele llamar “chino” a cualquier persona de rasgos asiáticos, sin importar su real procedencia, si es peruano o no, si tiene nombre o no lo tiene, es decir, la persona pasa a ser el “chino” del grupo (¿llamaste al “chino”?, habla “chino”, ¿en que andas?). Conozco mucha gente a la que no le molesta en lo más mínimo este alias o apodo. En este breve artículo pretendo averiguar el origen del uso de esta palabra para referirse a todas las personas de rasgos asiáticos, y en especial a los nikkei.

Este término, “chino” se puede usar de dos maneras: la primera de ellas para referirse a alguien con ternura y cariño, la segunda, con un tono despectivo quizá con algunos imperceptibles componentes xenofóbicos. Todo depende de la situación y la intención del emisor y la sensibilidad del receptor. Es común también el uso de la palabra “chino” o “china” para referirse con afecto a alguna persona de confianza y querida -sin necesidad que posea rasgos asiáticos- por ejemplo: la “China” Tudela personaje creado por Rafo León cuyo nombre de pila es Lorena Tudela Loveday. Pero qué pasa con aquel desconocido que grita chino en la calle o aquel cobrador de “combi” que hace lo mismo cruzando alguna avenida o cobrando el pasaje (que considera sinónimo de señor, la palabra “chino”), o ese grupo de chicos que grita “chino” o “china” a manera de “palomillada”.

Si revisamos la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española (DRAE), la segunda acepción de la palabra chino significa: “natural de China o perteneciente o relativo a este país de Asia”, y la tercera acepción del mismo término que deriva del “quichua” (una variante del quechua hablado en Ecuador) “čína” significa en su idioma original hembra o sirvienta. Actualmente el diccionario lo consigna como adjetivo que puede usarse también como sustantivo: “Dicho de una persona: De ojos rasgados”.

Quise tratar de determinar el por qué de este uso generalizado de “chino” para nombrar a todos los asiáticos y no otro gentilicio como por ejemplo “japonés”, “coreano” o “indonés”. Mi primera hipótesis se centró en que probablemente este uso se debe a que la inmigración china de los coolies fue mucho antes de la llegada masiva de los japoneses a partir de 1899 (la gente generalizó que todos los orientales foráneos -y sus descendientes- eran chinos, y se extendió esta costumbre hasta nuestros días).

Al revisar el Diccionario de la Real Academia Española pude -con bastante asombro- comprobar que por coincidencia el uso de esta acepción de la palabra “chino” tiene también origen en un tipo de quechua hablado en Ecuador, es decir un uso más antiguo todavía. En ese sentido las variables de este problema se incrementaron.

Mi segunda hipótesis se situaba en los caminos de la semiótica o semiología que es la disciplina que se encarga del estudio de los signos en la vida social. Un signo es la parte de una experiencia con capacidad de evocar la experiencia total, por ejemplo: Si menciono el signo “color rojo” podemos ver en el interior de nuestras mentes, qué y cómo es el color rojo o si decimos “silla roja”, inmediatamente imaginamos un objeto de 4 patas en el que uno se sienta, además de lo destacable del color con el que fue pintado.

Siguiendo con la semiología, para que un signo sea aprendido debe cumplir 3 características: que sea predicativo (el signo debe decir algo sobre la realidad); que sea gratificante (quien adquiere el signo debe sentir que el signo lo satisface de alguna manera); y, finalmente, el signo debe ser económico (quien adquiere el signo debe percibir que la utilización del mismo le representa algún tipo de ahorro). Esta característica es la que me permitió concebir la hipótesis que el uso de “chino”, palabra de 2 sílabas es más fácil de usar, recordar y relacionar que por ejemplo “co-re-a-no” o “ja-po-nés”, etc. Palabras de más de dos sílabas. Asimismo sumado a la retroalimentación usada en la campaña de Alberto Fujimori que se autocalificó como “el chino Fujimori”: la gente relacionaba al japonés (o a sus descendientes con “lo chino”).

En ese momento ya tenía dos hipótesis y ninguna de ellas podía solucionar con el material bibliográfico del que disponía. Por esto fue que consulté con la Dra. Martha Hildebrandt, lingüista prestigiosa quien me informó que era imposible determinar el origen del uso particular de la palabra “chino” para referirse a todos los orientales debido a que el lenguaje es “ilógico, alógico, antilógico y prelógico”. Comentó también que el idioma evoluciona constante -y muchas veces- azarosamente y que probablemente la Real Academia Española tendrá que aceptar una nueva acepción de la palabra “chino” como un término que se use genéricamente para denominar a todas las personas de rasgos asiáticos. Cuando le comenté mi hipótesis sobre la economía del signo (recuerden las dos sílabas que tiene “chi-no” en comparación con “ja-po-nés”) me dijo, con un humor particular que es más bien, cuestión de “economía de pensamiento” (la gente no piensa en lo que dice). Los cambios en la lengua obedecen muchas veces al azar y no a alguna razón en particular.

Para finalizar, la Dra. Hildebrandt mencionó que todo este asunto más que social, es particular o individual, vale decir, si le molesta que le digan “chino”, no tiene posibilidad lingüística alguna de luchar contra esta tendencia evolutiva del idioma, por ende, informe a su interlocutor que no le gusta que lo llamen así y que en vez de ello, lo llamen por su nombre y apellido.

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